Sigue el viaje del velero Piropo, con sus tripulantes Dani y Sandra, en su pretendido deseo de dar la vuelta al mundo por los trópicos.

SANTA LUCÍA: Travesía de Le Marin (Martinica) a Rodney Bay (Santa Lucía) y días de estancia en esta isla. Del 2 al 5 de abril de 2012.

El 2 de abril nos fuimos por fin de Martinica. Habíamos estado más de un mes en la isla por distintos motivos y aunque lo habíamos pasado muy bien, teníamos muchas ganas de navegar de nuevo. Sobretodo ahora, que después de todos los arreglos, teníamos el barco impecable.

 

Nos levantamos con la idea de estibar todo rápido y ponernos a navegar cuanto antes pero desayunando, nos acordamos de un tema que se nos había pasado por alto: había que cumplimentar los trámites burocráticos de salida del país. Así pues, mientras Sandra acababa de colocar todo en el barco para la navegación, Dani se fue a la oficina de aduanas a cumplimentar los papeles de salida.

 

Ya con todo en regla, levamos ancla y justo en ese momento, vimos cerca del Piropo en su auxiliar a Jose, del Moskito Valiente. Se había acercado a despedirse y a desearnos una buena travesía. A él y a Lourdes los volveremos a encontrar de nuevo en Venezuela cuando vayamos a pasar la época de huracanes, así que no fue un adiós definitivo. Y esa no fue la única despedida ya que saliendo por el canal de Le Marin, cuando pasábamos por al lado del Trotamar III, también ellos se despidieron con la pequeña Laia a la cabeza que se dedicó a tocar una trompetita muy pequeña a modo de despedida consiguiendo montar un escándalo muy gracioso.

 

Tras las despedidas, continuamos navegando por el canal que nos sacaba de la bahía de Cul de Sac du Marín hasta Sainte Anne y una vez ya en mar abierto, nos aproamos al viento para izar la mayor y dirigirnos hacia Santa Lucía.

 

El día estaba muy agradable para navegar, sol y un viento de quince a dieciocho nudos que nos venía de 60º por babor. La corriente era muy fuerte y aunque nuestra proa apuntaba como si fuéramos a navegar por la costa este de Santa Lucía, nuestro rumbo real indicaba que nos dirigíamos a nuestro destino, Rodney Bay, en el noroeste de la isla.

 

El canal estaba muy transitado y unos seis veleros más salieron como nosotros rumbo la mayoría a Santa Lucía. Uno de ellos, un trimarán, nos adelantó a todos a gran velocidad y justo cuando pasó por nuestro lado gritaron:

 

-¡Bon bateau!.-

 

Luego, aún se quedaron un rato mirando nuestro barco cosa que no nos extrañó porque entendíamos perfectamente que nuestro querido Piropo levantara la admiración de la gente. En Francia al parecer, el Jeanneau Sun Rise era un barco muy apreciado.

 

Acercándonos a Santa Lucía vimos bastantes calderones. Hacia mucho tiempo que no los veíamos. Navegamos a buen ritmo, seis nudos de media y sobre las 16:00 horas ya estábamos bordeando la punta norte de Santa Lucía, el “Pointe du Cap”. En ese momento la ola se hizo ligeramente más grande y el viento se intensificó a veinte nudos. A continuación bordeamos  Pigeon Island y ya nos situamos enfrente de Rodney Bay.

 

Rodney Bay era una bahía enorme con un buen tenedero. Esa bahía era punto de llegada de la famosa regata que cada año agrupa a la mayoría de los veleros que cruzan el Atlántico, el ARC. En Rodney Bay, pasando por un estrecho canal, está la Rodney Bay Marina que al parecer, era una marina relativamente económica. No obstante, no se nos pasó por la cabeza entrar y seguramente hasta Venezuela, si todo iba bien, el Piropo no tocaría puerto. Habrán pasado más de 6 meses desde que salimos del último en la Gomera.

 

Echamos el ancla en 3,9 metros aunque el barco acabó en 8 metros de sonda por la fuerte pendiente del fondo y ya tranquilamente fondeados, nos dimos un baño en el mar. Luego, Sandra probó a hacer pan siguiendo la receta de Xavier y el resultado fue un éxito ya que consiguió un pan buenísimo, como de panadería. Y como había que llenarlo de algo, hizo una tortilla de patatas para completar una rica cena.

 

El 3 de abril nos embarcamos en La Poderosa y nos encaminamos por el estrecho canal hacia la marina donde había un pequeño pantalán gratuito que se utilizaba especialmente por los barcos que estaban fondeados en la bahía. Allí estaba la oficina de aduanas e inmigración y tras cumplimentar los trámites pagando 30$EC, es decir, unos 10 euros, cogimos un bus justo en la puerta de la marina que nos llevó a Castries, la capital de Santa Lucía por 5$EC por los dos, 1,49€. El bus por supuesto, era de los caribeños, una furgoneta que llena de gente, iba y venía por determinados trayectos y en las que la gente podía solicitar en cualquier momento subir o bajarse. En Santa Lucía sin embargo, el sistema parecía algo más evolucionado y existía una tabla de tarifas pegadas en el cristal y con frecuencia, habían paradas especialmente acondicionadas para que los pasajeros subieran y bajaran.

 

Durante el trayecto, Sandra charló con una niña que se le puso a hablar preguntándole si le gustaba la isla y de dónde era. Hablaban en inglés pero la niña entendía un poco el español ya que en la escuela, como en la mayoría de Antillas, estudian nuestro idioma. La niña era muy graciosa, negrita, con muchas trencitas en el pelo y vestida de uniforme de colegio blanco y rojo, y se pasó la mayor parte del trayecto mirando de reojo a Sandra y cotilleándola por entero.

 

Al llegar a Castries, la madre de la niña nos orientó para coger inmediatamente un autobús para el pueblo de la Soufrière ya que la visita a la capital pensábamos dejarla para el día siguiente. Nuestra intención era visitar la zona más emblemática de la isla desde el punto de vista turístico, los alrededores de la Soufrière, con el volcán y los famosos The Pitons, dos montañas piramidales que eran el emblema del país. El trayecto fue interesante porque mientras avanzábamos íbamos observando el paisaje y el paisanaje. Veíamos Santa Lucía bastante desarrollada si el criterio a utilizar eran los comercios, los coches y las infraestructuras. No estaba tan desarrollada como Martinica por supuesto, pero sí que la veíamos ligeramente mejor que Granada y bastante más desarrollada que San Vicente. Por supuesto y al igual que las otras islas del Caribe, el frondoso, verde y enorme bosque tropical se seguía viendo por el centro de la isla.

 

Llegamos a Soufrière y pese a que habíamos recorrido dos tercios de la costa oeste de la isla, tuvimos que subirnos a un nuevo bus que en un corto trayecto nos llevaría a nuestro destino: las Sulphur Springs. Este lugar consistía por una parte, en una zona volcánica amarillenta donde el azufre podía apreciarse por todos lados y en el que habían fumarolas y manantiales de agua hirviendo. Por otro lado, había una piscina donde te podías bañar con las propias aguas que el volcán había calentado. Ya llegando al lugar con el bus se podía oler el característico olor a azufre parecido a huevos podridos. La entrada era un poco cara y se podía escoger por ver sólo la zona del volcán, sólo ir a los baños o poder visitar las dos cosas. Nosotros escogimos esta última opción. La verdad es que el volcán no era nada espectacular si ya se han visto otros lugares parecidos porque en éste, el tamaño era bastante reducido. La piscina quizá era más cutre. Estaba situada en el propio cauce del río acompañada de dos mesas de pic-nic y estaba absolutamente gris, tanto el agua como el entorno por el barro que la gente utilizaba para untarse la piel para no se qué remedios terapéuticos. El baño tampoco fue muy agradable porque el fondo tenía un tacto bastante desagradable con una mezcla de fango y algas y por si fuera poco, la temperatura del agua era excesiva. Según un letrero el agua estaba a 38º grados y no sabemos si era cierto o no pero lo que sí sabíamos es que el agua quemaba y mucho y era imposible meterse en ella ni aunque te intentases acostumbrar a ella. Dani consiguió meterse un poco más de la cintura y su piel adoptó un tono rojizo. Sólo le faltaba un poco de sal y acompañarlo de patatitas. No obstante, a la gente local debía gustarle mucho porque cuando llegamos, habían secándose muchas madres con sus niños.

 

Tras la visita al volcán, salimos del recinto para coger un bus. Allí, había un par más de personas esperando y al poco, se paró una pickup y las personas que esperaban se subieron corriendo y nos dijeron a nosotros que subiéramos con ellos. También se subieron al coche descubierto otras cuatro personas que salían de la piscina en ese momento. A nosotros nos sorprendió mucho la gentileza del conductor que sin ningún problema, nos permitió a todos subir y llevarnos a la ciudad.

 

Ya en la Soufrière, dimos una vuelta por la ciudad en cuyas calles podían observarse viejos edificios de madera del siglo XVIII y como era todavía pronto para volvernos al barco, nos planteamos acercarnos a un lugar que la guía turística que llevábamos recomendaba encarecidamente: Anse Mamín. Ese lugar, era una bahía cercana a Soufirère que al parecer, tenía la playa más bonita de la isla. Paseando por la ciudad se nos acercó un tipo que hacía la típica aproximación para ofrecer lo que fuese. Era un chico relativamente joven que tenía bastante mala pinta, con cabeza rapada, camiseta ceñida y unas enormes gafas de sol de marca. Le preguntamos cómo podíamos llegar a Anse Mamín y si estaba muy lejos y él se ofreció inmediatamente a llevarnos porque tenía un bote taxi. Negociamos el precio y aunque el resultado aún fue algo caro para nosotros (70$EC-20,85€), decidimos aceptarlo porque así ya visitábamos el lugar ese día y no teníamos que volver a la zona en otro momento. Así pues, nos encaminamos con nuestro “taxista” y lo seguimos hasta donde tenía su lancha fondeada. En la orilla, entre unas rocas de grandes dimensiones y justo antes de subirnos a la barca, una rata que más parecía un caballo, le pasó rozando los pies a Dani dándole un comprensible susto. Ya en la barca y alejados de parte de la fauna local, el “boatman” (como les llaman allí), lo primero que nos enseñó fue la gasolinera local ya que enseguida se quedó sin carburante y se le paró la barca a los pocos metros de avanzar. Afortunadamente, volvió a encender el motor rápidamente y tras cargar combustible, ya no tuvo más problemas. Luego, bordeando la Bahía de la Soufrière, se acercó para enseñárnosla a una enorme grieta que había en el alto acantilado que se denominaba la Bat Cave en la que se podían ver enormes murciélagos hacinados y que por nuestra presencia, estaban chillando casi al unísono muy nerviosos creando un ruido ensordecedor.

 

Continuamos nuestro recorrido turístico y entonces el “boatman” se animó y apretó al potente motor de 50 CV. Volábamos por encima de las olas y ni corto ni perezoso, pasó a esa velocidad muy cerca de unos veleros que estaban allí amarrados a unas boyas. El zarandeo que les creamos debió ser importante y seguro que sus tripulantes, que estaban en sus bañeras mirándonos, debieron lanzar mentalmente bonitos adjetivos a nuestro capitán. Nosotros simplemente les saludamos intentando disculparnos con la expresión de la cara.

 

Saliendo de la bahía pudimos observar una maravillosa vista de Los Pitones. Estas eran dos montañas que eran el emblema de Santa Lucía con su curiosa forma piramidal y su ubicación única rozando el mar. La verdad es que la imagen era muy bonita y entendíamos muy bien que los nacionales del país se sintieran tan orgullosos de esas montañas.

 

Nuestro paseo continuó y tras salir de la bahía de Soufirère, llegamos a Anse Chastanet donde había un lugar acordonado para el buceo y un hotel que restaba mucho encanto al lugar. Tras una breve parada sin bajarnos de la barca, seguimos hasta Anse Mamín y efectivamente, pudimos comprobar que era una bahía muy bonita por su playa casi virgen aunque habían instaladas sombrillas de paja que no venían muy a cuento.

 

Tocó entonces volvernos y entonces nuestro “boatman” nos ofreció bucear un poco en la zona de buceo de Anse Chastanet. Nos pareció buena idea y hacia allí nos encaminamos. El hombre nos dejó unas aletas aunque sólo tenía unas gafas de bucear enteras y Dani se tuvo que apañar con unas que les faltaba la goma. El buceo fue interesante y aunque estuvimos en al agua sólo unos diez minutos, pudimos observar bancos de peces aguja de buen tamaño, una barracuda y diversas especies de peces más pequeños y coloridos. Tras el breve buceo, volvimos a subirnos a la barca y ya nos volvimos hacia Soufirère a toda velocidad. La barca, parecía que se iba a resquebrajar en cualquier momento y de los pantocazos, una madera se iba abriendo haciendo que continuamente fuera entrando agua.

 

A escasos metros de la orillas, el “boatman” paró el motor y a la deriva, nos comentó que por el alquiler del material de buceo, nos iba a cobrar 20 $EC más. No nos sorprendió porque el hombre se le veía al típico que vivía de ir sonsacando por aquí y por allí sin ninguna seriedad ni honestidad. Le dijimos que habíamos negociado un precio y que nada nos había dicho cuando nos había prestado las aletas y las gafas y que además, una estaba rota. Viendo que le discutíamos, el hombre ya encendió el motor y se fue acercando a la costa y nos dijo que con 10 $EC ya se contentaba. No quisimos discutir más y aceptamos. Decidimos no tensar más la cuerda porque aunque sabíamos que nos estaba tomando el pelo, ya comenzaba a hacer su teatrillo, y sabíamos que si no aceptábamos la situación acabaría con el hombre haciéndose más el ultrajado y muy agresivo y ese día, ya estábamos un poco cansados para numeritos. Así pues, decidimos claudicar, le dimos lo acordado al inicio y los 10 $EC más y nos despedimos diciéndole que los negocios no se hacían así y que hablaríamos muy mal de él a todos los amigos que vinieran por aquí. Esto último no creemos que le preocupara mucho porque era el típico que vivía al día y poco le preocupaba su futuro.

 

Después, nos tocó iniciar el camino de regreso al Piropo que fue más largo de lo esperado porque según nos dijeron varias personas y pudimos comprobar, a esas horas ya no habían buses que hicieran el trayecto de Soufrière a Castries y nos tocó coger otro con destino a Vieux Fort, que era la ciudad que estaba justo en el punto más al sur de la isla para luego, coger otro bus que, recorriendo la costa este, nos llevaría hasta Castries. La verdad es que el inconveniente no nos lo pareció tanto porque por menos de un euro más, hicimos un buen paseo en bus rodeando casi toda la isla ya que Rodney Bay estaba en el punto más al norte.

 

El 4 de abril decidimos irnos a Castries para ver la capital. Tras coger el bus y plantarnos en la capital de la isla, paseamos por sus calles y visitamos la plaza de Derek Walcott con su precioso y enorme árbol samán de más de 400 años y los edificios que la rodeaban del siglo XIX. También visitamos la Catedral de la Inmaculada Concepción cuya fachada tenía un aspecto sombrío aunque su interior era muy llamativo con vivos frescos de un artista de Santa Lucía muy reconocido, Dunstan St Omer, aunque a nosotros nos parecieron bastante simplones. Más tarde visitamos la pequeña y sucia bahía donde amarraban en ese momento un gran crucero y un inmenso mercante portacoches y, después de comer, nos dirigimos de vuelta a Rodney Bay y a nuestro Piropo.

 

Ya en el barco, decidimos que al día siguiente nos iríamos a Dominica haciendo una escala para pasar la noche en Gran Anse d’Arlet en Martinica. Creíamos que habíamos visto lo esencial de Santa Lucía y decidimos no posponer más nuestra estancia en Santa Lucía para así, tener más tiempo de poder visitar más islas antes que la temporada de huracanes nos obligara a irnos hacia latitudes más meridionales, hacia Venezuela.

 

En la próxima entrada os comentaremos como nos ha ido por la denominada isla verde, la más salvaje y virgen del Caribe, Dominica.

 

Un abrazo.

 

 

 

 
   
   
   
   
   
   
   
   
   
   
   
   
   
   
   
   
   
   
   
   
   
   
   
   
   
   
   

 

3 comentarios a “SANTA LUCÍA: Travesía de Le Marin (Martinica) a Rodney Bay (Santa Lucía) y días de estancia en esta isla. Del 2 al 5 de abril de 2012.”

  • Hola amigos, con un poco de retraso hoy he acabado de leer vuestra bitácora, que envidia me dais. Os he descubierto gracias a Jorge de "La meteo que viene".
    Se podría decir que yo soy un recién llegado al mundo de la vela, llevaba mucho tiempo tras su estela y el año pasado por fin me he decidido, saque el Per y nos compramos un pequeño velerito de 6m que espero nos sirva de escuela, ganas no me van a faltar para ir aprendiendo. Mi sueño es poder hacer algo parecido a lo vuestro dentro de unos años cuando cambiemos de embarcación, ya veremos.
    Solo tengo una duda, ¿ Con que titulación estáis navegando ? Os lo pregunto por que mucha gente me ha comentado que una vez que abandonas Europa no piden titulación, vaya, que no hacen caso.
    Yo ahora estoy con el PER pero espero ponerme pronto con el Patrón de yate. Bueno, que me enrollo, os deseo mucha felicidad y buen viento en vuestra travesía.
    Un saludo desde Hondarribia, os seguiré. Andua.

  • Espero que estes disfrutando muchisimo!!! un besazo y un gran abrazo! muchos animos desde terrassa :)

  • Que pinta tiene el pan,hija eres una artista ,genial!!!!!!!!! por lo menos estoy tranquila de que no pasais hambre jejejeee

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