Sigue el viaje del velero Piropo, con sus tripulantes Dani y Sandra, en su pretendido deseo de dar la vuelta al mundo por los trópicos.

TOBAGO CAYS: Travesías de Canouan a Tobago Cays (Granadinas) y días de estancia en este precioso lugar. Del 23 al 28 de enero de 2012.

 

-¿Por qué todo el mundo va a Tobago Cays?- Nos preguntábamos. Están en medio del mar, únicamente protegidos por arrecifes por lo que el viento que se recibe en el fondeo es muy fuerte. Además, la travesía para llegar allí no parecía sencilla si se miraba la carta porque existía más de un arrecife a flor de agua. Y entonces ¿Por qué iban? Si no hubiéramos sabido que era un destino muy popular no se si nos hubiéramos acercado pero pensamos que había que verlo. Y menos mal que fuimos.

 

El 23 de enero volvía a ser un ventosísimo día en la desprotegida bahía de Charlestown Bay, en Canouan. Soplaban unos 26 o 27 nudos y dada la intensidad del viento, nos replanteamos la idea de partir ese día hacia Tobago Cays. No obstante, tras pensarlo un poco, decidimos salir igualmente porque total allí siempre hacía viento y un par de nudos más que soplaban ese día, no iba a variar mucho la cosa.

 

Tras salir de la bahía se confirmó nuestra idea de que la bahía no refugiaba nada y que en mar abierto soplaba lo mismo que en el interior. Mejor, así la travesía la haríamos sin problemas.

 

Aunque las Tobago Cays están al sur de Canouan, primeramente debía ponerse un rumbo real de 216º, para luego girar a babor para poner un nuevo rumbo real de 129º cuando se tenía al través de estribor los peñascos de Dry Shingle. Desde allí, debía seguirse ese rumbo hasta el canal que separaba las islas de Petit Rameau y Petit Bateau. Con estos rumbos, al parecer podías llegar sin problemas a nuestro destino.

 

Tras salir de Canouan tuvimos viento de popa por lo que sólo con la génova, navegamos tranquila y rápidamente hasta el lugar en que debíamos girar hacia las Tobago Cays. En ese punto, el viento rondaba los treinta nudos de real. Como siempre, intentamos no arriesgar nada y como en ese punto habían alrededor muchos arrecifes, recogimos vela para navegar sólo a motor y poder maniobrar rápido si surgía alguna necesidad. De todas formas, las Tobago Cays estaban a sólo unas dos millas desde allí.

 

Decidimos que Sandra fuera al timón y que Dani estuviera controlando a Fresita para ver si el rumbo se mantenía correcto y la corriente no nos desviaba hacia algun bajo. La verdad es que estábamos un poco inquietos porque era la primera travesía que navegábamos entre arrecifes.

 

Finalmente fuimos exactamente por donde nos propusimos y la travesía no resultó nada complicada y fue bastante evidente. Al ir acercándonos al canal y dada nuestra reducida velocidad, nos alcanzaron tres veleros más y creamos un pequeño tapón. Parecía una vuelta a la ciudad tras el fin se semana.

 

Llegó entonces el momento de elegir el fondeadero. Teníamos previsto fondear al resguardo de la isla de Jamesby, la más al sur del grupo de cuatro islas, y evitarnos transitar por el estrecho canal que a priori no nos hacía mucha gracia. Pero en el lugar elegido no había nadie ese día y nosotros no quisimos ir de originales por lo que decidimos hacer lo que todos y pasar por el canal. El tránsito por ahí lo hicimos sin ningún problema pero fue emocionante navegar con ambas islas tan cerca a cada lado y con sólo tres metros de sonda.

 

Tras cruzar el canal doblamos a estribor y la sonda empezó a aumentar. Fondeamos en el espacio que había entre las islas de Jamesby, Baradal y Petit Bateau en 7 metros de sonda.

 

El lugar estaba abarrotadísimo de barcos pero era precioso. Las pequeñas islas estaban cubiertas de vegetación y todas tenían una pequeña playa de arena blanquísima. Bastante más allá de las islas, se veía el Horse Shoe Reef, el largo arrecife que rodea al grupo de islas y que impide que llegue el oleaje del Océano Atlántico. Ese arrecife también produce que en el interior se acumule arena y ello hace que el agua tenga un color turquesa increíble.

 

Más allá del arrecife se veía la isla de Petit Tabac que salía en la primera de las películas de Piratas del Caribe. En concreto, cuando abandonan a Johnny Depp y a Keira Knightley en una isla desierta y ésta incendia unas palmeras para que los rescaten. Mas allá de petit Tabac, se intuían las rompientes de otro arrecife que tiene el atemorizante nombre de World’s End Reef.

 

La tarde fue tranquila en el barco, arreglando el bimini un poco más y escribiendo alguna de nuestras “escuetísimas” entradas. Nos llevamos eso sí, un pequeño susto con un barco de charter que quiso fondear demasiado cerca de nosotros. El que debía saber más iba a la caña y los otros dos tripulantes estaban en el molinete. Pero al echar el ancla, el de la caña se fue también a proa y ninguno de ellos se puso a mirar hacia donde iba derivando el barco. Cada vez se nos acercaba más y cuando llegó a una situación bastante inquietante, Dani les silbó para que observaran la extrema cercanía de ambos barcos. Entonces, el que debía ser el capitán volvió corriendo al timón con cara de susto y disculpándose con la mirada, recogieron el ancla y la tiraron un poco más allá sin ningún problema.

 

El día 24 por fin, parecía que había bajado la potencia del ventilador que nos soplaba en el Caribe. El viento ese día alcanzaba sólo los quince nudos. Hinchamos a la Poderosa e inmediatamente nos fuimos con ella hacia el arrecife para bucear por allí. Las enganchamos en una de las pequeñas boyas que hay instaladas para no dañar los corales y nos sumergimos.

 

El fondo era impresionante. Nos parecía tan perfecto que parecía irreal, hecho artificialmente para una especie de parque temático. Al principio, el fondo era de arena blanca muy fina y desde allí surgían bloques de arrecifes oscuros con formas peculiares que estaban abarrotados de vida de todo tipo como corales inmensos que más que moverse vibraban, como si estuvieran recibiendo una descarga eléctrica. Así es como al parecer se nutren. También había algas enormes que parecían enormes peinetas gigantes y las típicas grandes caracolas denominadas botutos con las que hacen escabechinas en estas islas. Y por supuesto, había peces. Pero que peces, de todas las formas, colores y tamaños. Parecía un documental en vivo. Por desgracia no conocíamos a casi la totalidad de ellos pero identificamos al menos a peces cirujano, a peces payaso y a peces cofre. También vimos algo que era o se parecía mucho a una serpiente de mar. Era alargada, redonda y se movía en el agua como una serpiente. No nos pudimos fijar si tenía escamas, ni tampoco quisimos, pero si no era una serpiente, debía ser una anguila.

 

Sandra se había puesto un traje corto de neopreno y Dani una camiseta del mismo material y aunque la temperatura del agua era alta, al final empezamos a sentir algo de frío. Era normal. Llevábamos dos horas en el agua. Felices decidimos volver a la Poderosa y con ella, regresar al Piropo.

 

Por la tarde decidimos visitar Petit Bateau. De camino vimos dos tortugas nadando y al llegar a la playa oímos una voz de mujer que decía: «¡Pero si es Sandra!». Eran Johan y Silvia, del velero Alea. Iban con Fernando, un pontevedrés que estaba de visita. Al principio nos desconcertó un poco que alguien, allí, tan lejos, conociera nuestro nombre, pero Silvia era una experta de casi todos los blogs y páginas web de navegantes y entre ellos, la nuestra. Le gustaba conocer a la gente que navegaba por la zona para ver si después podía encontrársela.

 

Johan y Silvia llevaban tres años y medio viviendo en el velero y habían estado todo este tiempo en las islas griegas. Fernando había ido a hacerles una visita y él por su parte, llevaba cuatro años viviendo en su barco también en las islas griegas. Hablaban maravillas del lugar aunque decían que las Tobago Cays comenzaban a competir con ellas.

 

Tanto Johan y Silvia como Fernando, tenían blogs en Internet donde iban contando sus peripecias. Para quien tenga interés, estas páginas son respectivamente: www.viajesaleatorios.blogspot.com y www.ralipv.blogspot.com. Estuvimos charlando con ellos muy a gusto y como en el otro lado de la isla había una lugareña que vendía bebidas, Fernando, muy amable, nos invitó a todos a tomar algo. La charla continuó y como no, hablamos de barcos y de travesías. Johan y Fernando tenían mucha experiencia y se notaba que sabían mucho. Más tarde y como ya se estaba haciendo de noche, decidimos despedirnos pero nos invitaron al día siguiente a cenar en el Alea.

 

Al día siguiente cogimos a La Poderosa para intentar llegar a Petit Tabac, más allá de la barrera de arrecifes. En la carta vimos un pequeño canal entre los arrecifes que se señalaba como paso de dinghys pero desde el Piropo, no se intuía ningún paso en el arrecife. Por supuesto, la Ley de Murphy actuó como siempre y en ese momento no vimos a nadie que estuviera pasando por el canal. Ni siquiera vimos a nadie que estuviera en Petit Tabac con el dinghy, sólo veíamos a un catamarán fondeado, por lo que nos entraron dudas de si se podría llegar allí. Miramos en la carta que el paso debía estar a continuación de la línea que hacía por un lado, el canal entre las islas de Petit Rameau y Petit Bateau y por el otro, el extremo norte de la isla Baradal. Con esa idea cogimos a La Poderosa y nos dirigimos hacia la zona para ver si encontrábamos el paso. A medida que nos fuimos acercando seguíamos sin ver ningún paso, y por supuesto, seguía sin haber nadie a quien copiar porque nadie había hecho la misma excursión ese día. Dimos unas vueltas pero no vimos nada. Nos paramos a una boya para decidir si desistíamos pero Petit Tabac estaba allí, tan sugerente, que el deseo nos hizo buscar más y descubrir que entre los arrecifes, había una zona en la que parecía que apenas habían rompientes, y esa zona, estaba en el lugar que decía la carta que estaba el paso. No se veía muy claro pero daba una buena impresión. Nos encaminamos hacia allí con cautela porque seguíamos viendo rocas por todos lados. No obstante, poco a poco fuimos avanzando dejando a poca distancia por debajo el arrecife, que casi rozaba amenazadoramente los bajos de La Poderosa. Entonces vimos una boya aislada de color verde, pequeñísima, que parecía señalar el canal aunque no había ninguna otra. Nos encaminamos hacia allí ya que era el lugar donde menos rompiente había. Y poco a poco, el fondo volvió a adquirir profundidad. Habíamos pasado el arrecife. Menos mal. Ahora el problema eran las olas del Atlántico que venían directas sin ningún arrecife por medio que nos protegiera. De todas formas, comprobamos enseguida que no eran muy grandes y que no había ningún peligro. Seguimos pues nuestra travesía hacia Petit Tabac sin ningún impedimento. Al acercarnos a la isla un nuevo arrecife que bordeaba esa isla dificultó de nuevo nuestro paso. No obstante aquí, se veía claramente que por el lado sur de la isla se podía pasar.

 

Desembarcamos por fin en la pequeña y paradisíaca isla. Allí sólo habían las personas que habían desembarcado del único catamarán fondeado. Les saludamos y seguimos el paseo por la playa. La playa estaba bordeada de muchos cocoteros y como hacía calor, Dani se encaramó a uno para coger tres cocos verdes, uno para beber en ese momento y los otros dos para beber posteriormente. Nos hizo mucha gracia que justo cuando bajó del cocotero, dos chicos del catamarán que venían en la distancia paseando de la mano, justo cuando estaban a nuestro lado aplaudieron con muchísimo entusiasmo a Dani. Ahora había que abrir el coco y como no teníamos cuchillo, utilizamos una piedra que cortaba bastante. El refrescante líquido sabía especialmente bien por el lugar y por la forma natural de obtenerlo.

 

Tras el refresco, continuamos el paseo y bordeamos totalmente la minúscula isla. De vuelta al lado en que teníamos el auxiliar, vimos que estaban llegando varios dinghys. Menuda suerte. Cuando queríamos pasar no vimos a nadie y ahora, estaba lleno.

 

Con la alegría de haber visto esa maravillosa isla que recordaba a lo que imaginábamos sería el Pacífico, cogimos a La Poderosa e iniciamos el camino de vuelta. Para desandar el camino no tuvimos tantas dudas y con la boya verde como referencia, el paso por el arrecife no resultó tan complicado excepto porque la pequeñísima boya sólo se veía cuando estabas muy encima. Además, estaba tan descolorida por ese lado, que parecía que tuviera otro color.

 

Ya dentro de la zona protegida por el arrecife, el trayecto al Piropo se hizo mucho más fácil.

 

Por la tarde, Dani intentó limpiar un poco el casco del Piropo. La línea de flotación estaba pintada demasiado abajo para el peso que llevábamos y poco a poco, las salpicaduras del agua ayudaban a que se creara una película de algas finas y verdes en el casco blanco. Nada que no saliera fácil frotando un poco con algo que no fuera abrasivo, pero había que hacerlo regularmente. Mientras estaba a la faena, vinieron los “Park Rangers”, los vigilantes del parque y le comentaron que eso no se podía hacer allí porque era un parque natural y de paso, cobraron la tarifa que diariamente debía pagarse por la permanencia en el lugar, unos tres euros por persona. Mientras Sandra, preparaba una tortilla de patatas para llevar al Alea. A las 18:30, a la hora convenida, estábamos puntuales en el barco de Johan y Silvia para cenar. Johan, nos ayudó a enganchar la Poderosa al bonito Alea. Estaba oscureciendo y no pudimos apreciar muy bien los detalles del barco pero, aparte que estaba impecablemente cuidado con su característico color naranja, nos pareció un tanque. Te subías y nada se movía. Todo era sólido. Ventajas de los cascos de acero. El backstay por ejemplo, parecía que tenía el doble de grosor que el del Piropo. La bañera era central y desde allí entramos a la cabina que era muy amplia a la vez que acogedora. Enseguida nos pusimos a cenar una sabrosa pasta con un aperitivo en el que había embutido. Echábamos de menos el embutido. La cena fue muy agradable y estuvimos conversando de varias cosas. Ellos, que tenían mucha experiencia en las islas griegas las compararon con lo que habían visto del Caribe y comentaban que allí, aunque hacía también mucho viento, al menos te dejaban descansar porque paraba como mínimo un par de horas al día. En el Caribe en cambio, el viento era continuo. También dijeron que en el Caribe había muchísima más variedad de peces en los arrecifes. Johan acababa de arreglar la BLU y por fin, podía emitir además de recibir. Esa noche la probaban con la rueda de los navegantes argentina. Nosotros, en el Piropo no tenemos BLU y pensamos que hubiera estado bien tenerla, pero antes de partir desechamos la idea por lo difícil de su instalación ya que había que levantar al barco para instalarle una buena “tierra”.

 

Sobre las 22 de la noche nos fuimos. Ellos aún se quedarían un día más por lo que no nos despedimos porque preveíamos que nos veríamos al día siguiente.

 

Al día siguiente volvimos a irnos a bucear. Esta vez fuimos a una parte de los arrecifes más alejada. En este lugar aún vimos más peces que la otra vez. Vimos por ejemplo una barracuda que nos impuso bastante por su gran tamaño y sobretodo, por el conocimiento que teníamos que en alguna ocasión, podía ser peligrosa. También vimos otros muchos peces de extrañas formas y colores. Íbamos ese día con neoprenos largos para que el buceo durara todavía un poco más pero al final, el frío comenzó a atenazarnos y como estábamos cerca de la isla de Baradal, nos acercamos a ella. En esa isla sabíamos que había un santuario de tortugas y esperábamos ver alguna, pero cuando estuvimos allí no nos imaginamos que el espectáculo fuera tan inmediato y espectacular. En el fondo, a apenas tres metros de profundidad, sobre un fondo de algas, habían cuatro tortugas de gran tamaño. A una le sorprendimos atiborrándose de algas en el fondo. Era gracioso ver cómo giraba la cabeza y tiraba de las algas del fondo para arrancarlas y comerlas. Nos acercamos un poco pero ellas, muy despacio, siempre iban manteniendo las distancias. Y si te acercabas a un poco más de velocidad aceleraban y te dejaban atrás en un momento.

 

Tras el espectáculo, Dani volvió nadando hasta la Poderosa y regresó a por Sandra que se quedó con los trastos de buceo. De allí, regresamos al Piropo. Acabábamos justo de llegar al barco cuando Johan vino a hacernos una visita. El motivo de su presencia era si le podíamos enseñar la guía de Panamá que le habíamos comentado que teníamos la noche anterior. De paso, estuvimos un rato charlando dentro de la cabina del Piropo. Como se hizo la hora de comer se fue y se llevó un par de guías nuestras para enseñárselas a Silvia.

 

Por la tarde fuimos a visitar la isla de Jamesby ya que Johan nos había comentado que estaba llena de iguanas. Nos hacía mucha ilusión verlas pero no vimos ninguna aunque recorrimos la minúscula isla de arriba abajo. Pensamos que la ausencia de ellas era debida a que quizá era ya tarde y el sol no calentaba tanto. Decidimos ir al día siguiente a buscarlas con más sol. De todas formas, la visita no fue en balde porque desde el punto más alto de la isla, habían unas bonitas vistas de los arrecifes y el resto de islas del lugar.

 

De vuelta al Piropo nos visitaron Johan y Silvia que venían a devolvernos los libros. Les invitamos a pasar y pasamos un agradable rato charlando con ellos. No teníamos mucho que ofrecerles pero les invitamos a un zumo y a unas palomitas de maíz que Sandra hizo en la sartén. Una extraña merienda. Como ellos venían del sur y nosotros del norte, nos aconsejamos lugares adecuados para fondear. Cuando oscureció, nos despedimos. Ellos ya se iban por la mañana por lo que les pedimos que se despidieran de Fernando del que no nos habíamos podido despedir.

 

Al día siguiente, día 27 de enero, el viento sopla hasta unos 27 nudos en el fondeo. De los cincuenta y pico barcos que habíamos visto en las Tobago Cays hoy sólo habían 14 barcos. Dado que era incómodo moverse con La Poderosa con ese viento, permanecimos la mayor parte del día en El Piropo. Siempre había muchas cosas que hacer en el barco. Dani no obstante, se fue un momento para ver si podía hacerle unas imágenes mejores a las tortugas, y de paso, volverlas a ver. Se acercó para ello a la pequeña isla de Baradal y tras bucear un rato, enseguida encontró a dos enormes y graciosos ejemplares. Después del agradable baño, se fue a dar una vuelta por la isla y ver si valía la pena volver luego con Sandra. ¡Y vamos si valía la pena! Al poco de caminar se topó con una iguana que se escondió lentamente entre la vegetación. Pero es que la sorpresa vino después porque no sólo había una, sino que había muchas y a medida que caminaba por los senderos de la diminuta isla, iba topándose con más, unas en medio del camino, otras entre la vegetación, otras subidas a los árboles… Estaban tan acostumbradas a ver a gente y que no les hicieran nada ya que las Tobago Cays es un lugar protegido, que no huían y se quedaban tranquilas mirando. Sólo cuando te aproximabas demasiado era cuando lentamente, se iban alejando hacia un lugar que ellas consideraban seguro.

 

De regreso al Piropo y justo cuando Dani estaba a punto de cogerse al barco, una racha de aire levantó a la Poderosa hasta un punto peligroso. Un poquito más allá hubiera volcado. Dani se tiró hacia donde venía el viento y el auxiliar se equilibró. No te podías despistar ni un momento.

 

El día 28 teníamos pensado irnos a Mayreau pero antes de partir, cogimos a La Poderosa para que Sandra conociera la isla de Petit Rameau y sus curiosas iguanas. Ellas no fallaron y estaban ahí. Había más incluso que el día anterior. Sandra se aproximó mucho a ellas e incluso les intentó dar de comer y una de ellas, en vez de comer lo que le ofrecía, sacó su alargada y fina lengua y le chupó los dedos. Que placer pensó Sandra, aunque no se asustó.

 

Y tras la visita a los curiosos habitantes de Petit Rameau y tras volver al Piropo, desmontamos a La Poderosa y nos preparamos para la corta travesía que nos debía llevar a la siguiente isla de nuestro viaje: Mayreau.

 

Sin duda las Tobago Cays han sido el lugar más bonito que hemos visto del viaje por ahora. Esperemos que sigamos encontrando lugares sorprendentes como este.

 

Un abrazo.

 

   
   
   
   
   
   
   
   
   
   
   
   
   
   
   
   
   
   

 

8 comentarios a “TOBAGO CAYS: Travesías de Canouan a Tobago Cays (Granadinas) y días de estancia en este precioso lugar. Del 23 al 28 de enero de 2012.”

  • Saludos de un aprendiz tardío de navegante, a quien se le cae la baba leyendo vuestras aventuras. 
    Ayyyyy, quien fuera joven y guapo como vosotros, para comerse el mundo como lo estáis haciendo.
    Enhorabuena y seguir contado vuestros episodios.
    Saludos
    Jose Luis

  • ¡¡ Que pasada !! Creo que es la vez que mejor estoy viendo el caribe… ¡¡ que arena, que agua !! Nos estais dando mucha envidia en casa. Ahora, aparte de seguiros leyendo el blog lo convino con Google Earth y las fotos de Panoramio, es casi casi como si estuviera ahí con vosotros.
    Os sigo leyendo.

  • A pesar de mi torpeza , por fin he podido leer el diario de vuestro viaje y estoy emocionada, es precioso tanto los comentarios como las fotos y me alegra mucho que todo os vaya saliendo bien.Os enviamos un abrazo muy fuerte Ernesto y Lourdes

  • Muy buenas chicos:
    ¿Qué tal os va?.
    Me tenéis preocupado sin noticias y sin deleitarme con vuestra crónica. Nos habéis puesto la miel el los labios y ahora estáis disfrutando vosotros solos de vuestro viajecito y eso no está bien. Queremos, exigimos, sentirnos parte de vuestra tripulación y disfrutar con vosotros.
    Dicho esto, confío en que estaréis muy bien y que el disfrute de esas aguas y temperaturas no os deje tiempo para conectaros. Sea como sea, yo deseo que estéis muy bien, que para estar mal ya lo estamos nosotros con tanto sobresalto económico y este frio que nos cala los huesos.
    Un abrazo.
    R. Acuña 

  • Me encanta el blog y vuestras narraciones, espero las siguientes con una sana envidia.
    Que disfruteis de vuestro viaje y no dejar de escribir. Saludos

  • Que bonito y nosotros aqui pelaos de frio siberiano, me tenia que haber ido de polizonte, dais un poquito de envidia jejeje,pero bueno envidia sana,todos los paisajes chulisimos un besote guaposssssssss

  • Hola chicos, vaya pedazo de viaje os estáis haciendo. Sandra, te dije que yo no haria este viaje como tu porque yo no soy tan aventurera, pero viendo estas fotos de playas y buceando, da gusto y envidia…sana por eso. Dani subido al cocotero está muy simpático y el Pol, cuando lo ha visto, ha dicho : Qui és aquest i què fa pujat en aquest arbre?.  Se lo he explicado y ha dicho " Aaaaalllllaaaaaa". Muchos besos y que os lo sigáis pasando tan bien.

  • Buenas noches chicos:
    Desde el norte peninsular y bajo esta ola de frio que nos tiene pegados a los radiadores. Hoy más que nunca envidio vuestra estancia en aguas cálidas (con independencia de esos dias de viento que pueden aguar el mejor fondeadero).
    Sigo vuestra estela y disfrutando de vuestros relatos, así que no demoréis mucho en subir más, ya que esto es un chute de envidia en estas tardes frias.
    Un abrazo y continuar disfrutando.
    Ramón

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