El Ratón Pérez.

          @ 10-Noviembre-2008 - Clasificado en Cuentos

 «Entre la muerte del Rey que rabió y el advenimiento al trono de la Reina Mari-Castaña existe un largo y obscuro periodo en las crónicas, de que quedan pocas memorias. Consta, sin embargo, que floreció en aquella época un rey Buby I, grande amigo de los niños pobres y protector decidido de los ratones…»

«El rey niño Buby I colocó su diente debajo de la almohada, como es costumbre hacer, y esperó impaciente la llegada del ratoncito. Ya se había dormido cuando un suave roce lo despertó…» El Padre Coloma describe así el encuentro del pequeño rey protagonista del cuento con el Ratón Pérez:

Portada de Mariano Pedrero publicada
en 1911 por Razón y Fe.

 

 

«A poco abría Buby mucho los ojitos, luchando contra el sueño, que se los cerraba: cerróselos al fin del todo, y el cuerpecillo resbaló buscando el calor de las mantas, y la cabecita quedó sobre la almohada, escondida tras un brazo, como esconden los pajaritos la suya debajo del ala».

«De pronto, sintió una cosa suave que le rozaba la frente. Incorporóse de un brinco, sobresaltado, y vió delante de sí, de pie sobre la almohada, un ratón muy pequeño, con sombrero de paja, lentes de oro, zapatos de lienzo crudo y una cartera roja, terciada a la espalda».

 

Tras las respectivas presentaciones y varios intentos de cogerle el rabo, Buby consiguió convencer y acompañar a Ratón Pérez en su peligrosa misión nocturna, pasando por la acogedora casita de Ratón Pérez, donde residía con su mujer y sus hijos, hasta la buhardilla donde vivía muy pobremente Gilito, un niño que como él también esperaba su visita. Para ello Buby fue transformado en ratón:

 

«Ratón Pérez saltó de repente sobre su hombro, y le metió por la nariz la punta del rabo: estornudó estrepitosamente el Reyecito, y por un prodigio maravilloso, que nadie hasta el día de hoy ha podido explicarse, quedó convertido, por el mismo esfuerzo del estornudo, en el ratón más lindo y primoroso que imaginaciones de hadas pudieran soñar:

 Era todo él brillante como el oro, y suave como la seda, y tenía los ojitos verdes y relucientes como dos esmeraldas cabochón».

En su extraordinario viaje, Buby descubrió que había niños muy diferentes, que pasaban hambre y frío pero que también eran sus hermanos porque todos eran hijos de Dios.

 Salieron por un agujero que había debajo de la cama:

Palacio Real. Calle Bailén, s/N.

 «Era su carrera desatinada, obscuro el camino, húmedo y hasta pegajoso, y cruzábanse á cada paso con bandadas de diminutas alimañas, que á tientas les pinchaban y mordían».

«A poco entraron en una suave explanada, que venía a desembocar en un sótano ancho y muy bien embaldosado, donde se respiraba una atmósfera tibia, perfumada de queso. Dobláronse una enorme pila de éstos, y encontráronse frente a frente de una gran caja de galletas Huntley.

Allí era donde vivía la familia de Ratón Pérez, bajo el pabellón de Carlos Prast…».

La casa del Ratón Pérez. Calle Arenal, 8

 

Fue  famosa la tienda de Carlos Prast  –aunque realmente fueron dos: una confitería y una tienda de ultramarinos– por la calidad de sus productos y la buena atención de sus vendedores. Así describe su actividad un cronista de la época:

«Las aves vuelan como cuando estaban vivas; es decir, desaparecen del escaparate como por arte de magia; los jamones desaparecen también, como si permanecieran todavía unidos al cuerpo de sus sabrosos propietarios; los vinos se venden en tal cantidad, que de momento no hay para qué preocuparse de la cuestión suscitada con Francia; los dulces se expenden á su vez por toneladas…

En fin, aquello es un delirio gastronómico que bien vale, por la extraordinaria gula que representa, una confesión… fuera de abono».

La Cocina de Don Gaiferos. Calle Jacometrezo, 64.

 

«Al calorcito de la lumbre oculta bajo el rescoldo, dormía el temido Don Gaiferos, gatazo enorme, cartujano, cuyos erizados bigotes subían y bajaban al compás de su pausada respiración…

La guardia ratonil, inmóvil, silenciosa, preparada, mordiendo ya casi el cartucho, protegía el paso del rey Buby, formando desde el dormido Don Gaiferos hasta los dos agujeros de entrada y de salida, el formidable triángulo romano de la batalla de Ecnoma…

Era aquello imponente y aterrador…»

 

La buhardilla de Gilito. Calle Jacometrezo, 64

«Era aquello un cuchitril infecto, en que el techo y el suelo se unían por un lado, y no se separaban lo bastante por el otro, para dejar cabida a la estatura de un hombre. Entraba por las innumerables rendijas el viento helado del alba, que ya clareaba, y veíanse por debajo de la tejavana del techo, grandes cuajarones de hielo.

No había allí más muebles que la silla que servía de observatorio al rey Buby, un cesto de pan vacío, colgado del techo a la altura de la mano, y en el rincón menos expuesto a la intemperie, una cama de pajas y de trapos en que dormían abrazados Gilito y su madre».

Quiso el Padre Coloma con este pequeño rey sembrar la idea de que todos los hombres somos hermanos: ricos y pobres, buenos y malos.

Bajo su título escribió estas palabras que luego volvió a repetir en otros cuentos por él publicados:

“Sembrad en los niños la idea, aunque no la entiendan; los niños se encargarán de descifrarla en su entendimientoy hacerla florecer en su corazón”

Los protagonistas. 

 Alfonso XIII nació en Madrid el día 17 de mayo de 1886, hijo de Alfonso XII y María Cristina de Austria. Reinó en España desde el mismo día de su nacimiento, porque su padre había muerto, hasta la proclamación de la República en 1931.

Fue un niño débil de salud, inteligente, espontáneo y caprichoso. De mayor supo ganarse la simpatía de su pueblo, pero según los que mejor le conocieron, vivió siempre en una profunda soledad. Durante su minoría de edad, su madre ejerció la regencia, hasta que juró la Constitución de 1876 el día que cumplió dieciséis años.

Se casó en 1906 con la princesa protestante Ena de Battenberg, que cambió su nombre por el de Victoria Eugenia cuando se convirtió a la religión católica.

 

Poco se conoce su humanitaria intervención durante la primera guerra mundial, cuando dirigió personalmente una oficina que se ocupaba de los presos de guerra, así como su iniciativa de crear la Ciudad Universitaria de Madrid. Murió en Roma el día 28 de febrero de 1941.

 

La época del reinado de Alfonso XIII fue muy conflictiva política y socialmente. Aunque España no participó en la primera guerra mundial (1914-1919), sufrió muchas guerras (Cuba y Filipinas, el norte de África), huelgas y atentados, a tres de los cuales sobrevivió el propio rey. Cataluña y el País Vasco quisieron constituirse en naciones independientes. Tras una alternancia de gobiernos moderados y liberales se produjo el golpe de Estado del General Primo de Rivera el 13 de noviembre de 1923.

 A pesar de este sombrío panorama político, se revitalizó la economía. Las ciencias y la vida intelectual se desarrollaron especialmente: España obtuvo tres veces el premio Nobel, en las figuras de los escritores José de Echegaray y Jacinto Benavente y del histólogo Santiago Ramón y Cajal.

 

La reina M.ª Cristina llamaba a su hijo Bubi en la intimidad. Coloma llama Buby al rey protagonista de su cuento.

Luis Coloma con 24 años, pocos días antes de
entrar en la Compañía de Jesús. En El padre Luis Coloma, biografía y estudio crítico,
por Emilia Pardo Bazán.

Luis Coloma nació en Jerez de la Frontera (Cádiz), el día 9 de enero de 1851. Fue alumno de la Escuela Naval, pero, muy aficionado a las letras, se decidió por los estudios de Derecho en la Universidad de Sevilla. Acudía a cuantas tertulias estaban de moda en la ciudad. Así pudo conocer a la perfección las costumbres de la aristocracia y de la burguesía de su época, que tan bien plasmó en sus obras literarias. Un desafortunado accidente ocurrido mientras limpiaba su revólver le costó casi la vida. El estar tan cerca de la muerte cambió su forma de pensar y decidió dar un nuevo rumbo a su vida haciéndose jesuita. Desde entonces compaginó la labor espiritual con su gran afición a la literatura. Fue miembro de la Real Academia Española. Murió en Madrid el 10 de junio de 1915.

Escribió obras que fueron muy bien acogidas por sus lectores: Pequeñeces, Boy, Jeromín… y cuentos para niños, como Pelusa y Ratón Pérez, que dedicaba a sus pequeños amigos y a sus alumnos. Luis Coloma parece ser el primer escritor que escribe un cuento protagonizado por nuestro conocido ratón.

Contribuyó con su buen hacer literario a la revaloración y difusión  de los motivos y cuentos populares, afición que le contagió su querida y vieja amiga Cecilia Böhl de Faber, escritora más conocida como Fernán Caballero.

Ratón Pérez nació en tiempos remotísimos, cuando las madres ofrecían los dientes de leche de sus hijos a los roedores, para que los niños crecieran fuertes y sanos. Desde  entonces este extraordinario ratón, sobre todo en nuestro país, recoge los dientes que los niños colocan bajo la almohada y deja, a cambio, moneditas o regalos.

La ausencia de descripciones escritas y de cuentos ilustrados protagonizados por el ratón Pérez es la razón de que no exista un modelo del personaje. Para realizar esta exposición, nuestros ilustradores se han inspirado principalmente en la descripción del Padre Coloma.

Luis Coloma convirtió a su personaje en un elegante ratón de ciudad. Su casa y su familia encarnan las costumbres, usos y  aficiones de la clase media acomododa de la época.

En los cuentos populares hay otros ratones llamados Pérez, pero son unos bichitos que se casan con maripositas y hormigas presumidas y, por desgracia, mueren ahogados en las ollas donde guisaban sus comidas.

El  manuscrito autógrafo del padre Coloma, con su firma y una dedicatoria al rey Alfonso XIII, está encuadernado en piel verde con broche y cortes dorados. Se conserva en la cámara de seguridad de la Real Biblioteca de Palacio.

La primera edición del cuento aparece en 1902 junto a otras narraciones en Nuevas lecturas. En 1911 se publica por primera vez Ratón Pérez como obra independiente e ilustrada por Mariano Pedrero. El ejemplar guardado en la Real Biblioteca tiene una dedicatoria manuscrita del autor a Alfonso XIII.

 

También en la Real Biblioteca se encuentra una adaptación del cuento, Perez the Mouse, realizada por Lady Moreton, con ilustraciones en color de George Howard Vyse, y  publicado por John Lucas & Co. London en 1915. Fue un regalo del Conde de las Navas.

La autora añade al texto del Padre Coloma una breve explicación de esta costumbre nuestra de colocar los dientes bajo las almohadas e invita a los niños ingleses a hacerlo y esperar la visita del ratoncito.

En la Biblioteca Nacional hay una edición de esta misma obra realizada en Wisconsin (Estados Unidos) en 1950.

 

© Instituto Cervantes (España), 2004-2008.

http://cvc.cervantes.es/actcult/raton/

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